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vicmir
viernes, 22 de junio de 2012
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10:39
¡Por fin despierta el movimiento
estudiantil en México! Ante la ola de movilizaciones que surgían por todo el
mundo se acusaba a la juventud mexicana de apática, ya resignados al simple
conformismo e indiferentes ante las evidentes injusticias que se mostraban por
todos lados en nuestro país. Debemos decir que esto surge en la coyuntura
electoral, por ello uno de los puntos centrales es la acusación ante la
imposición de Enrique Peña Nieto, candidato del Partido de la Revolución Institucional
(PRI), por parte de la gran mayoría de los medios de comunicación, sobre todo
por las televisoras (Televisa y TV Azteca) que han mostrado un descarado favoritismo
a dicho candidato, queriendo introducirlo como si fuera un producto más que sale a
la venta al mercado.
Ante la indignación por el descaro
de esta imposición, los estudiantes de la Universidad Iberoamericana se
manifestaron en una presentación de EPN en su universidad. Se le escuchó
mientras iba planteando lo que traía preparado, además de responder a algunas
preguntas de los estudiantes, pero ya por terminar se le hace el
cuestionamiento generalizado sobre la represión en Atenco (población del Estado
de México) a lo cual responde justificando el uso de la fuerza del mismo modo en
que lo hiciera Gustavo Díaz Ordaz en la trágica matanza de Tlatelolco, en el
movimiento estudiantil de 1968, por lo que levantó la furia de los asistentes
que comenzaron a manifestar abiertamente su repudio. EPN terminó por huir de
las instalaciones de la universidad Iberoamericana dejando atrás la protesta
generalizada.
Más tarde los medios de comunicación
y el PRI acusarían a los que participaron en esta manifestación de repudio a
EPN de no ser estudiantes, que eran un grupo de jóvenes pagados o hasta porros
que sólo tenían la tarea de hacer quedar mal al candidato. Ante la respuesta de
los medios, y del priísmo, un grupo de estudiantes que participó en la
manifestación en la Ibero hicieron un video en el que se mostraban con sus
credenciales de estudiantes y acusaban a los medios y al PRI de querer
simplemente imponer un presidente bajo la manipulación de la información. Estos
hechos le darían el nombre al movimiento, pues fueron 131 estudiantes los que
aparecieron en el video que circuló por las redes sociales con gran éxito, y por
lo mismo las televisoras se vieron obligadas a darle cobertura, pero la chispa
se había encendido y el #YoSoy132 había nacido.
Paralelamente se había convocado
a una marcha anti-Peña Nieto, que no era iniciativa del 132, pero sacó a miles de
jóvenes a las calles, que más tarde participarían en las asambleas del
movimiento. Ya no era posible ocultar el descontento de los jóvenes, de pronto
ya no había apatía y rápido despertó la simpatía de gran parte de la población.
Hoy miles de estudiantes se
organizan en sus escuelas mediante asambleas que están convergiendo en las
interuniversitarias, que pretenden incluir los puntos que se vayan discutiendo desde
las bases. Ante la premura de las elecciones la organización ha tenido
dificultades, pues no se quiere que llegue EPN a la presidencia, pero las
acciones están reducidas a un tiempo limitado. Se pretende ir más allá de las elecciones,
pero el primer punto es combatir la imposición, y luchar por la democratización
de los medios. Actualmente la televisión es controlada casi en su totalidad por
Televisa y TV Azteca, mientras esto sea así no se permite una verdadera
democracia. Hay que agregar que el 132 se ha declarado apartidista, pero contra
el regreso del PRI y anti-Peña Nieto, ya que representa la imposición. Por otro lado,
el 132 llama a la gente a informarse y a razonar su voto.
Hasta aquí la presente entrada ha sido muy general, pretendiendo
mostrar un poco de lo que se vive en México, ya se preparará algo más completo
y detallado. Aún falta hacer la descripción de la organización estudiantil, que
se vive en todo el país, pero con su foco en la ciudad de México. Además de que
el 132 ha organizado varias actividades para salir a las calles a informar a la
gente, pues muy bien los medios se han encargado de deformar lo que ocurre en
verdad en nuestro país.
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vicmir
miércoles, 4 de abril de 2012
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0:09
¡Qué fácil es criticar! ¡Muy fácil! Cuando uno realiza una actividad, sea la que fuere, te enfrentas a la crítica constante de quien mira tu trabajo, siempre a la espera de ver cómo es recibido por otro. Y muchas veces resulta que los comentarios llegan acompañados de risas, pues se considera ridículo lo que se hace. Es una pena enorme esta actitud que desvalora el trabajo de los demás. Claro que habrá ocasiones en las que la calidad de lo que se hace necesite de una dura crítica, pero cuando esa crítica viene de parte de alguien que no realiza actividad alguna no sabes cómo tomarla. Podría decirse que la crítica es una actividad suficiente, pero si ésta llega sin un trabajo de fondo se puede dudar enormemente de ella.
No creo que haga falta hacer una distinción entre el crítico y el criticón. Lo lamentable es que parece que estamos llenos de los segundos, que, sin miramientos, te dejan ver lo que ellos consideran que está mal, pero al tratar de entrar en debate resulta que sólo te están dando una mera opinión sin fundamento. ¿No sé qué valor darle a eso? Quizás haga falta ver que con trabajo propio se muestren las fallas que nos están atribuyendo, pero al venir estas críticas sin más sostén que lo que acaba de ocurrir parecerá que es indigno de tomarse en cuenta. Sin embargo, resulta que para efectos prácticos tienen un gran peso todas esas críticas/opiniones obligándonos a enfrentarlas de algún modo. Pues precisamente a los que queremos llegar son a esos que nos dicen sin más, si acaso no somos nosotros mismos.
Las críticas de ciertas personalidades suelen tener un mayor valor para nosotros, pues les reconocemos cierto trabajo que respalda sus palabras, quizás legitimando su crítica. Pero ciertamente éstas no son la mayoría de nuestras críticas recibidas. Quisiéramos encontrarnos con puras críticas constructivas, pero hay que ser ciego para no notar lo escasas que son. Entonces, ¿qué hacemos? Requiere esto de una respuesta bastante difícil de ofrecer por alguien que está en el límite de la buena crítica y el criticón. Quizás haya que aceptar esto primero: siempre estamos expuestos a hacer una buena crítica o decir la más brutal tontería.
Ahora llamo al respeto, que es un asunto que olvidamos con facilidad. Tan acostumbrados a pretender tener la razón no nos damos cuenta que hay veces que estamos terriblemente equivocados y, en estos cosas, lo mejor es callar, podríamos decir algo, pero tendríamos que tener en cuenta que podemos estar errados. Aunque tampoco hay que temer al error, si se quiere opinar es mejor hacerlo, pues no siempre tenemos la opción de decir lo que pensamos. La expresión de nuestro propio pensamiento puede ser sorprendente, sólo hay que escucharnos y nos daremos cuenta. Es una cuestión difícil darse al pensamiento propio y respetar a los demás, pues la diversidad nos puede perder. ¿Cómo llegas a esto después de haber comenzado con la crítica? Pues es el simple deseo de que se respete lo que se hace, no siempre será lo mejor, ni lo más adecuado, pero es el principio para una mejor convivencia. Ni me quiero llenar de buenos deseos ni expresar una falta de respeto, pero no hallo tarea más difícil que prescindir de las propias ideas para comprender al otro. Tal vez valga la pena pensar y predicar una forma de relacionarnos que sea incluyente y no elimine lo que hace ser a uno el que es. Un conflicto entre el desear la buena crítica y no rechazar al criticón, dos formas simples en las que todos podemos caer.
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vicmir
martes, 28 de febrero de 2012
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11:26
Marcar los límites para superarlos debería de ser nuestro punto de partida. No creer que al estar marcados los límites ya no podemos avanzar más allá de ellos. Cuántas horas gastadas tratando de mostrar que no se puede ir más allá de cierto punto para que llegue un tipo atrevido que se salga de ellos en un instante. Es cuestión de osadía, de la mayor valentía, ir hacia lo desconocido, a los rincones más incomprensibles. La historia de la humanidad podría ser vista como una lucha interminable por superar los límites, pues si le dicen que no responde: ¿por qué no? Y después lo tenemos en donde se suponía que no podía estar.
Claro que no es posible para la gran mayoría de las personas ir más allá de sus límites, a fin de cuentas a cada momento te están marcando los límites hasta donde puedes llegar. Es muy sensato obedecer a esos límites, pues te pueden conducir con seguridad por la vida, por el mundo. Claro que esa sensatez hace las cosas aburridas, porque ya te están diciendo qué no puedes hacer, porque simplemente no vas a poder. Tendríamos que preguntarnos ¿por qué no podemos hacer cualquier cosa que queramos? Pues claro que hay personas con mejores características para poder desarrollar ciertas habilidades, pero esto no anula que puedas hacer algo por desarrollar dichas habilidades, sólo que implicará mucho mayor esfuerzo. Claro que rebasar los límites tendría que costar mucho trabajo, pero el trabajo no es malo, es un gran momento del desarrollo.
He sido muy repetitivo acerca del esfuerzo, que implica compromiso, decisión, paciencia e, inclusom, valentía. Es una lucha contra la corriente, que deja más dudas que certezas, esto por la dificultad implícita al realizar algo con el esfuerzo propio. Seguro no es para nada claro entender esto que trato de decir, sólo es porque no he llegado a expresar con seguridad lo que quiero, pues es difícil mostrar un problema generalizado en el cual todos estamos inmersos. Somos resultado de un proceso que no nos deja actuar con la convicción propia de los hombres de otras épocas. Somos resignados en muchos ámbitos, creyendo con firmeza que estamos haciendo lo que queremos cuando, en realidad, estamos bastante controlados, estamos estupidizados. Digo que estamos porque no podemos salirnos del lugar en el que nos encontramos, y podemos darnos cuenta de la situación sin hacer nada. Lo peor es que pensamos que no hay nada que podamos hacer, es parte de la magia de ser controlados.
Cualquier cosa que escriba en realidad ya está marcada por algo de lo cual no podré separarme. Incluso, queriendo salirme del problema, me mantiene dentro, porque ya estamos inmersos, quizás a la deriva. No es una visión fatalista, pero incluso en nuestros mejores momentos no nos podemos aislar de lo que nos rodea, tengo amigos que seguro harían cosas muy buenas, pero, por desgracia, aún dejarían de lado a muchas personas porque estúpidamente siguen pensando que pueden hacer las cosas mejor que otros. Hace falta mucho para poder respetar a los que tenemos al lado, que lo que dicen es tan importante como lo que decimos nosotros. Ese es otro problema de nuestro constante egoísmo. ¿Cuántas veces no pensamos que los otros están perdiendo el tiempo en vez de valorar que están haciendo algo?
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vicmir
sábado, 4 de febrero de 2012
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13:05
¿Qué querrá decir eso de tener convicciones? Uno supone que las tiene, o por lo menos pretendemos tenerlas. Quizás en realidad es un asunto que a pocos preocupa, pero aferrarse a algo con total convencimiento me parece fundamental para el movimiento humano. Si no estuviéramos convencidos de ciertas cosas no habría razón de llevarlas acabo. Cuando deseas algo con convicción lucharás por ello sin importar qué se te presente en el camino, buscarás todos los medios posibles que te lleven a la realización de tu deseo. Sólo que cuando esa convicción no es firme, inevitablemente, ocurrirá que te moverás en otro sentido, y tal vez verás que ese deseo no era más que una ficción.
Pensar que las personas necesitan de convicciones puede ser otra ficción -que no sé por qué demonios llega esa palabra a mi mente-. Parece que muchos se mueven por el mundo sin el convencimiento de lo que quieren, no luchan con fuerza para obtener un deseo realizado. O tal vez sí luchan, pero su fuerza sólo dura un tiempo muy limitado, y cuando se les atraviesa algo distinto cambian en seguida de deseo; sin haber realizado el primero ya están buscando un segundo, que en cualquier momento podría volver a cambiar, pues ya han demostrado que no se mantienen firmes ante lo inesperado.
Recuerdo al perro que hambriento persigue a una libre en el bosque para poder comer. Pasa unos minutos en la persecución y cuando está a punto de alcanzarla otra liebre se atraviesa en su camino. Vuelve a comenzar la persecución con la nueva liebre cuando de haber centrado sus fuerzas en la primera tal vez la habría alcanzado. No canalizando su esfuerzo en un objetivo, el perro, pronto pierde toda oportunidad, sólo porque no logró mantenerse firme en lo que quería. Quizás no valga la analogía, pero es un hecho que quien no centra sus fuerzas pronto puede perderlo todo. Para conseguir algo se necesita mucho trabajo, un gran esfuerzo que debemos estar dispuestos a hacer con el convencimiento de lo que deseamos. El que quiere conseguir las cosas sin esfuerzo se va a quedar esperando.
Me da risa cuando las personas piensan que el esfuerzo consiste en unos cuantos días, o en unos meses. Si se quiere construir algo grande tomará mucho tiempo, es algo que no nos enseñan, tener paciencia es muy difícil, pues viviendo en un mundo en el que la efectividad y velocidad son un pilar central de nuestra cultura no nos damos cuenta que sólo nos sostenemos de ficciones. Quisiéramos que las cosas se dieran como se nos suele mostrar, adquirir felicidad y satisfacción en la realización apresurada de nuestros deseos. No nos enseñan a disfrutar el trabajo cotidiano, el día a día. Lo peor es que no nos damos cuenta de que estamos encerrados en esta dinámica ficticia.
Nos hacen llover miles de historias en las que se realiza un sueño de la nada, yendo a un lugar donde te descubren y ya tu vida se ha realizado. No quieren mostrarnos que la vida se hace en el irse realizando, pues claro, si nos enseñan que con el trabajo cotidiano, aferrado a un claro objetivo, lograremos lo que nos proponemos, simplemente se cae la estructura que encadena al hombre. El que quiere algo que se aferre a ello, que lo trabaje con todas sus fuerzas y no flaqueé, pues sólo de ese modo conseguirá lo que quiere.
Si las convicciones son una ficción será una lástima para el hombre, pues ¿de qué otro modo conseguirá realizar sus deseos? Pensar que las cosas van cayendo del cielo sólo es la forma de afirmar que hemos sido engañados, que hemos comprado una idea extraña de cómo se consiguen las cosas. Los grandes hombres nunca esperaron, siempre se lanzaron a conseguir lo que deseaban convencidos de ello, de que lo lograrían.
Tal vez a muchos se les haga extraño que alguien tenga convicciones, pues parece que eso les impide tener cierta libertad, pero esa libertad tan sólo es la de moverte dentro de una jaula. Ver que tus alcances están sólo en lo más próximo es vivir ya bajo los deseos de otros. Pues lo que uno quiere es profundo, y aunque se nos diga que es imposible yo pensaría que este mundo era imposible, pero alguien logró construirlo y seguro no se quedó sentado en lo que se hacía; se trabajó mucho para hacerlo, después se nos dijo que ya todo estaba del mejor modo posible y que nuestros deseos eran irrealizables. Quizás lo creímos.
Lo más importante es creer que podemos lograr lo que deseamos, pero sólo será en el trabajo continuo, en la convicción firme de que se puede. Pero las convicciones, si aspiramos a tenerlas, no se darán con la rapidez imaginaria de la fantasía, sino que requerirá de más esfuerzo del que nos está permitido realizar. El esfuerzo cotidiano se puede disfrutar, no es una pesadez como nos quieren hacer creer.
Si tienes convicción demuéstralo y no la mudes como si de ropa se tratara, que sólo querrá decir que efectivamente tus convicciones son una ficción.
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miércoles, 25 de enero de 2012
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0:41
Una buena charla se puede disfrutar más que una fiesta. No reniego de las fiestas, pero no se puede decir que sean mejor que las pláticas con unos amigos. El intercambio de pocos puede ser bastante fructífero, arroja a oportunidades diversas que en soledad no se podrían obtener. Darte cuenta que hay hegelianos que nunca han leído a Hegel deja una buena sensación, pues comprendes que no se necesita leer filosofía, ni a grandes pensadores, para tener ideas claras de problemas a la luz de las posibles ideas de un autor, que nada más por coincidencia tienen un eco con tus ideas. Eso, en definitiva, habla muy bien del pensador que no necesita estudiar filosofía para ser filósofo. Lo que lleva a preguntarse por la terquedad de querer ser un estudiante de filosofía: ¿no sería más auténtico simplemente filosofar desde la vida misma? Claro que debe de haber bastantes matices que podrían mostrar las diferencias, sólo queda asentada una posibilidad de desarrollarse que no se daría de la forma en que corrientemente hacemos filosofía. Además que no estoy seguro de qué queremos decir con hacer filosofía (como si en la vida diaria no nos dedicáramos de hecho a hacer filosofía con el simple transcurrir de nuestra existencia). Tal parece que nos tendríamos que ver fuera de la vida misma para “hacer” filosofía, y no creo que haya necesidad en ello, pero eso es lo que supuestamente hacemos: mirar a distancia. Doy gracias a que puedo encontrar a personas que son filósofas sin necesidad de estudiar filosofía, aunque no deja de parecerme extraño que también encontremos a filósofos que no hacen filosofía, es todo esto una visión muy confusa que debo ponerme a pensar. Claro que se podrían decir muchas cosas para darle forma a esto que tan sólo es un panorama muy general de no sé bien qué. Simplemente es bueno conocer filósofos diferentes, todo por salir a la calle y ver a alguien distinto.
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vicmir
viernes, 13 de enero de 2012
en
18:55
Se dice que la filosofía es fundamental para la vida, que tiene mucho sentido hacer filosofía para la sociedad, que la filosofía trata los problemas más íntimos de la humanidad y que está en todo momento de nuestra cotidianidad. Entonces, ¿por qué tenemos que demostrar que la filosofía sirve para algo? ¿No es que ese tener que mostrar está diciendo lo contrario? La filosofía hoy está tan apartada de la sociedad que simplemente no se puede sostener. Nosotros, mientras, preocupados por cómo conseguiremos un empleo, tratamos de defender por todos los medios nuestra actividad. Sólo que nuestra actividad es nada más que eso: “nuestra”. A nadie que no estudie filosofía le interesa lo que hacemos, aún así sostenemos que es una actividad importante para la sociedad. No obstante, tenemos que ir a decirle a la sociedad por qué nuestra actividad es tan importante. Quizás sea momento de detenerse a pensar si en realidad le hacemos un beneficio a la sociedad -que no conoce nuestro trabajo, que ni siquiera le interesa y no nos pide cuentas-, todo esto debido a que los filósofos se encuentran encerrados en las aulas y en sus cubículos “filosofando”. Estar encerrados haciendo filosofía simplemente nos ha segregado de la sociedad. Cuando preguntas por las calles (jajajajaja... pensando que se haga) ¿qué se entiende por filosofía? La respuesta es clarísima: Ni puta idea. Obviamente llegamos a las calles queriendo mostrar la filosofía y nos topamos con que ni siquiera existen las bases para que las personas entiendan el lenguaje en el que les estamos hablando, muestra de que la filosofía, como la trabajamos en las universidades, no se encuentra en la vida de los habitantes de nuestra sociedad. Simplemente se nos quiere dar dentro de las aulas una imagen romántica de la filosofía, pero que si la tratas de llevar más allá de la universidad simplemente se te cae. Las preguntas que motivan al pensamiento filosófico siguen estando ahí, pero la forma en que trabajamos simplemente complica la solución, pues parece que se aleja de la intimidad humana. Pues bien, podemos ver que hasta el más complicado de los filósofos tiene una preocupación que repercute en la vida, pero la forma en que trabaja su solución se vuelve tan compleja que sólo un círculo limitado puede adentrarse en él. Si se quiere que la filosofía pase a tener un efecto más fuerte en las calles los que desarrollan tal actividad deben de salir, porque incluso los filósofos dedican grandes esfuerzos pensando en cómo llegar a la gente, pero estúpidamente siguen quedándose pensando en las aulas. Si salieran a las calles a hacer lo que se supone hacen en las aulas: pensar, sería un gran avance, por lo menos se vería qué hace el filósofo. Si se queda callado, por el contrario, nos mete en problemas porque nos van a tomar por estúpidos. Que los filósofos salgan a las calles a pensar en voz alta. A ver si de esa forma no hay una repercusión en la sociedad. No en balde en la antigüedad los filósofos estaban en los espacios públicos, pues ahí se encontraban los semilleros para generar la filosofía. Ahora bien, una vez en la calle, ¿qué hacer? Lo primero consiste en preguntar, pero debe de ser dirigido hacia otros que no se han dado el tiempo de pensar. Por ello el buen Sócrates era un partero, a quien se le acercaba le ayudaba a parir sus ideas. Sócrates no le ponía ideas a nadie, tan sólo incitaba al pensamiento. Eso es lo que hacemos los filósofos, pero ocultos en los cubículos evidentemente pasamos inadvertidos. De hecho, ha llegado la situación hasta tal punto que si el día de mañana desaparece la filosofía la sociedad apenas lo notaría. Todo esto es culpa de los filósofos mismos, no de alguien más. Si se quiere defender a la filosofía es mejor que se haga en las calles y no sentados en los mismos cubículos de siempre pensando que se debería de hacer algo, teorizando mil formas para defender la filosofía. Claro que el pensar ya es una acción, pero si ni siquiera ven que estamos haciendo eso no nos tomaran en cuenta. Si queremos servirle de algo a nuestra comunidad tenemos que salir a ella y dejar esas pretensiones absurdas de que sean los otros los que se acerquen. Ofreciendo lo que tenemos, lo que hacemos, sea mucho o poco, podrá la misma sociedad pensar en lo valiosos que son los filósofos, pues si no nos necesitan desapareceremos sin más, pero que no se diga que nos quedamos sentados en nuestros cubículos esperando apaciblemente a la muerte de la filosofía.
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vicmir
lunes, 26 de diciembre de 2011
en
1:49
El sol se ocultaba, estaba tan lejos que se podía ver directamente, era amable con los ojos. Un hombre se encontraba sentado, recargado en un árbol, un cedro. A poca distancia había un lago. Con la mirada seguía el movimiento del sol. Las sombras se alargaban cada vez más. En el cielo había unas cuantas nubes, no eran ninguna amenaza de lluvia, el aire corría con fuerza y se llevaba las nubes en dirección opuesta al sol. El hombre tan sólo contemplaba. Lo embargaba la dicha de ser testigo del espectáculo que anunciaba el final del día. Lo único que escuchaba era al viento moviendo las ramas de los árboles, con ocasionales visitas de las hojas que el aire arrastraba hacia él. Los pastos crecidos, a lo largo del valle, daban la impresión de estar presenciando el vaivén de las olas del mar en plena tierra. El viento llegaba a golpes, en un ritmo constante. El hombre escuchaba la música de la naturaleza; los minutos seguían transcurriendo mientras el sol bajaba más y más. En un momento, el agua cristalina del lago reflejó otro atardecer, era una copia perfecta en espejo perfecto. El hombre observó el atardecer en el lago durante un momento, esperando que el viento no aumentara para estropear la imagen. No duró mucho, una fuerte ola a lo lejos mostraba que pronto se perturbaría el agua, impidiendo ver el atardecer en el lago, y tan sólo levantando la mirada podría seguir contemplando la imagen del atardecer. Cuando llegó la ola, el espejo comenzó a vibrar, durante un tiempo se perdería la imagen, el hombre era testigo de todo, del tranquilo espectáculo. La imagen apacible de pronto se volvió, con el roce de los dedos de quien sabe quien, algo completamente diferente, algo que no podría retener en la mente. El movimiento era demasiado, parecía seguir ahí el reflejo, pero ya no era el mismo, había sido liberado de la paz que parecía infinita. El hombre en aquel momento, en el que parecía que la paz, la tranquilidad, no podrían perecer jamás, empezó a temer, sintió que el aire le faltaba, su pecho le decía que algo no andaba bien, todo era tan inmenso y no tenía lugar hacia donde escapar, se quería ocultar, y se sentía atrapado. Se levantó de un salto, comenzó a caminar haciendo círculos, no perdía de vista el lago. En su interior se estaba ahogando, estaba siendo oprimido desde dentro. Sentía en cualquier momento todo terminaría, el sol desaparecería, el viento no soplaría, el valle se desvanecería, el árbol en el que había estado recargado se marcharía; el piso en el que caminaba, que tan seguro estaba de estar sobre él, dejaría de existir, era el final; el lago, sí, el lago que lo había perturbado intensamente se esfumaría llevándose el mundo. No dejaba de caminar vigilando el lago. Y en un instante, como el viento había llegado, de golpe se esfumó.
Lentamente el universo se calmaba, el agua; la quietud volvía, la imagen que se había vuelto de la noche, con una gran luna y el cielo estrellado, todo reflejado en el lago. Pensando que todo había pasado, sin dejar de estar consternado por lo ocurrido, volvió al árbol, esperando no se volviera a repetir tan cruel broma de la vida, miró a su alrededor, el sol estaba en su lugar, el valle seguía como lo recordaba de su más tierna infancia. El árbol estaba ahí, lo sentía en la espalda, para estar más seguro tocó el tronco con su mano. Se acomodó de nuevo en su lugar, observó el camino que había recorrido para llegar. Firme, volteó hacia el lago, lo tranquilizó por un momento ver que la distorsión se había ido. Cerró los ojos un momento, respiró profundo, y se dio cuenta que el viento también se había llevado su tranquilidad. Aún temía, la presión del pecho no lo abandonó, se cubrió el rostro con las manos. Comenzó a llorar. En un rato la luz del sol lo había dejado, lo cubrió la noche, el hombre se dio cuenta que jamás volvería.
Sí SÍ! SALIÓ LA CONVOCATORIA PA' LA ACÉFALOS 5°. HAY QUE PURO PONERSE A ESCRIBIR, CTM!
¿Y YO QUÉ DIJE?
¿Y CÓMO ES?
REVISTA ACÉFALOS
LA REVISTA ACÉFALOS ES UNA PUBLICACIÓN INDEPENDIENTE, IMPRESA Y DESCARGABLE, DE UN GRUPO NO MENOR DE ESTUDIANTES DE FILOSOFÍA-USACH. EN ELLA PARTICIPAN NO SÓLO ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS, SINO TODA PERSONA QUE, SIN IMPORTAR SU EDAD, NACIONALIDAD O PREPARACIÓN, SE DISPONGA A REFLEXIONAR SOBRE ACTUALIDAD, PRINCIPALMENTE LATINOAMERICANA, Y QUIERA DIFUNDIR SU PENSAMIENTO.
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